Saber adaptarse

Fantástico relato, amigo Marcelo. Un abrazo

Periódico Irreverentes

Marcelo Filzmoser

Fui a reuniones de padres, arreglé la correa de la persiana, discutí con vendedores de autos y hasta llegué a pagar para que me presten plata. Tuve sexo del bueno y del de todos los días. Tomé la cocaína necesaria para estar una semana entera sin dormir y para creer que el edificio se desplomaba cada vez que alguien llamaba al ascensor.

Durante otros días hice gimnasia, comí sano, fui de compras a esos lugares que llaman dietéticas o almacenes naturistas y busqué analista. Se puede decir que traté de hacer las paces con el mundo.

Casi sin darme cuenta, quizás porque fue de a poco, hice plata. No demasiada pero más de la que sé gastar. En eso soy todo un caso. Me resulta más fácil hacerla que gastarla. Puede también que sea falta de ingenio, o algún defecto genético que me vuelve menos vulnerable al vómito…

Ver la entrada original 971 palabras más

Anuncios

Abro el puño

Poema enorme, amigo Miguel. Un abrazo

Periódico Irreverentes

Miguel Rubio Artiaga

Abro el puño y caen las piedras
como una lluvia sólida
de gaviotas muertas
al clavarse en el mar.
Nunca he llevado anillos
y los dedos desnudos,
por primera vez
sienten vergüenza.
Ya han olvidado
en el vacío del tiempo
y la soledad arrullada,
como se tiende la mano.
¡Este ha sido mi último embate!
¡Hasta Don Quijote
se retiró a descansar!

Abro el puño y libero palomas
de todos los colores.
Burbujas que flotando
cojan las riendas de las nubes
y les hagan trotar al paso
como etéreas amazonas.
Me lavaré las manos
buscando el olvido
y me las volveré a lavar,
hasta que no quede rastro,
ni el mínimo olor a memoria
de tiempos yunteros y vividos.

Abro el puño y surgen versos
hartos de tanta rabia,
de tanto querer y no poder,
de tanto dolor y amargura.
¡Cuánta tristeza acumulada!
Se los regalo al…

Ver la entrada original 102 palabras más

a veces no hago la cama

Me encantó, Miguel. Un abrazo

Periódico Irreverentes

Miguel Rodríguez

Cama deshecha (1827)-Delacroix

dónde vivo
en qué calles busco sábana
me preguntas amor
como si realmente existiera tal lugar
y hubiera sillas flores armarios
que delimiten o marquen
la pronunciación o las ausencias
dónde poso los ojos las palabras
nunca me acuerdo
de dónde he puesto las ausencias
no lo sé
definitivamente no sé bien dónde vivo
llego a este lugar
digamos que es un lugar para evitar equívocos
encuentro mares
naufragios en los bolsillos
mensajes en el móvil en mitad de la noche
en mitad de la vida
preguntas abisales en las que me sumerjo
de vez en cuando mientras hago un té
angustias breves y melancólicas de por la mañana
respuestas inestables cargadas de salitre
también de abrazos algo de espanto
y un pasillo largo donde me atrapa el frío
el óxido de lo que he sido
por eso
a veces no hago la cama
me…

Ver la entrada original 422 palabras más

Una ciudad que todavía se llama París

Periódico Irreverentes

Marcelo Filzmoser

Por aquel entonces yo usaba otro nombre. Era una más de las costumbres con las que me engañaba en secreto y que sostenían la idea de que mi vida valía más que la de un vendedor de autos usados. Ahora, que soy viejo y que la gente me llama desde hace años de la misma manera, entendí que pocas cosas fueron tan reales. Dicho de otro modo, creer que me engañaba era también parte del engaño. Yo fui todos aquellos que inventé mucho más del que soy ahora. Por eso sé que estoy en condiciones de juzgarme, a mí, al que fui en esos años. Nunca a ella.

El hecho de dejarla ir parece trascendental, cualquiera diría que en ese instante se definieron los siguientes veinte años de mi vida. No es cierto. Un parque del que no me acuerdo ni siquiera el nombre, un invierno desganado que…

Ver la entrada original 410 palabras más

Lo que somos

Genial, amigo Miguel. Un abrazo.

Periódico Irreverentes

Miguel Rodríguez

La creación de las aves (1957)-Remedios Varo

De pequeño, cuando era niño, yo no sabía que era un niño, es decir: no sabía que no era un monstruo. Esto es algo que me tocó, no se elige, nací así y punto. De igual manera, tampoco mis amigos monstruos pidieron no nacer niños, hay desgracias que no suceden hasta que uno se pone a examinarlas.

A veces, cuando tenía fiebre, mis amigos venían a jugar conmigo en mi casa, tomábamos juntos la merienda y hablábamos de cosas ligeras e intrascendentes. Ninguno intuíamos la relevancia de las cosas adultas, ni debatíamos sobre quién fuera monstruo o niño, o si alguno de nosotros pudiera ser distinto al resto. Tal desinterés acerca de nuestra naturaleza primaria nos proporcionaba una consciencia compartida de niños-monstruos, una condición igualitaria que desarrollamos más tarde en la vida. Así, esta duplicidad nos sirvió para jugar y crecer…

Ver la entrada original 61 palabras más

La almohada

Genial, sin duda.

Periódico Irreverentes

Miguel Rodríguez

Era un trámite, solo tenía ya que pasar por aduanas, como todo el mundo, como siempre, y este gigante me para y me mira con sospecha, como si efectivamente me conociera de todas las otras veces.

– ¿Algo que declarar?

‘Solo mi amor, gilipollas,’ pienso, pero solo lo pienso, y él me aparta, abre mi equipaje de mano como si me hubiera oído e inspecciona sin el mínimo pudor mis intimidades, la pasta de dientes, los pañuelos, todo va bien hasta que mueve una camisa y deja al descubierto mi almohadita, a la que duermo abrazado todas las noches y que siempre viaja conmigo. En ese instante, más que en ella se fija en mi cara. Se da cuenta de su intromisión, de la peculiaridad, y procede a examinarla con cuidado: la levanta, la huele, la espachurra y, ante mi sorpresa, se la lleva. ‘Esto es como secuestrar…

Ver la entrada original 283 palabras más

En tu blanca bahía (a Juan Ramón Jiménez)

Poemas y esas cosas bellas

En tu blanca bahía.

(A Juan Ramón Jiménez)

Bajo el dorado amor andaluz,

que con sus enamorados brazos anaranjados

en este sereno despertar nos abraza,

el inmenso azul en nacaradas

ondas enamoradas nos besa risueño.

En su piel azul posadas,

una miríada de hermosas flores

nos descubren sus vitales colores

y profundos perfumes.

Ellas van llegando…las tiernas flores…

…entre espejitos de luz y acrisolados brillos.

Y van llegando las bellas flores,

rosas, celindas, azucenas y gardenias;

claveles, nardos, jazmines y alhelíes;

violetas, caléndulas, campanillas y dalias…

Con la fresca agua marina juegan,

con salinas diademas se coronan,

sus sonrisas relucen entre azules,

sus cabellos ondula la salada brisa.

En tu bahía y hacia Moguer, Juan Ramón.

En tu blanca bahía, donde la luz habita

merodeando feliz entre dunas y pinadas,

entre la mar, el río y la arena;

donde los azules pasean…

Dulcemente te donan sus esencias,

sus mágicos colores…

Ver la entrada original 17 palabras más

EL ANSIA DE LA MADRUGADA

– EL ANSIA DE LA MADRUGADA –

 

 

 

 

“… ciudad de nada en nadie

el cuerpo se hace

la voz se rehace.”

(Alejandra Pizarnik)

 

 

 

 

 

La luz opalina de la madrugada

se desmadeja sobre el asfalto húmedo.

Todo brota en una falsa calma,

en una pereza engañosa

que bosteza en cualquier rincón marchito

engendrando agotados sueños

que, en breve, nada serán.

Te susurro de mis batallas y condecoraciones,

de mi imperecedera derrota

que marcan mis patas de gallo,

de mis cafés rumiando circos,

y es entonces, en el lapso de un pitillo,

cuando me acaricio mi ombligo áureo

como lámpara mágica preciada.

Tú, duermes hermosa

tácita al mohín de tus labios entreabiertos

cual carne que inundó mi boca

en amaneceres dispares a este.

Y digo a la amorfa ciudad

cuantos duermevelas contienen mis prosas,

cuantos versos no pude

y fueron pasto de borrones

y sufrimientos por lo imposible;

digo y digo, y digo y  vuelvo a decir

porque temo el despego del silencio

irrumpiendo su mano asesina

y arrastrándome por olvidos y olvidos

más profundos todavía,

más crueles y vehementes,

más interminables.

Como me horroriza tu afonía yacente,

tu pausa calibrada que maneja calma,

el sosiego de tu zigzag bajo las sábanas,

la soledad que imagino brotando

a  pletóricos borbotones

y que huye mi verborrea por el ángulo del ventanal.

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo me observa desinteresado

discurriendo sobre el resplandor amarillo

que cuartea las aceras.

El ruido hace vida

y las últimas sombras

se guardan detrás de los rincones.

Estoy callado como tú, amor,

envidiándote en secreto

y contemplando la mañana.

 

 

 

Kabalcanty©2016

http://Kabalcanty.bubok.es

(Fotografía de Eugenio Recuenco)

 

 

 

 

eugenio-recuenco