Una ciudad que todavía se llama París

Periódico Irreverentes

Marcelo Filzmoser

Por aquel entonces yo usaba otro nombre. Era una más de las costumbres con las que me engañaba en secreto y que sostenían la idea de que mi vida valía más que la de un vendedor de autos usados. Ahora, que soy viejo y que la gente me llama desde hace años de la misma manera, entendí que pocas cosas fueron tan reales. Dicho de otro modo, creer que me engañaba era también parte del engaño. Yo fui todos aquellos que inventé mucho más del que soy ahora. Por eso sé que estoy en condiciones de juzgarme, a mí, al que fui en esos años. Nunca a ella.

El hecho de dejarla ir parece trascendental, cualquiera diría que en ese instante se definieron los siguientes veinte años de mi vida. No es cierto. Un parque del que no me acuerdo ni siquiera el nombre, un invierno desganado que…

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