La almohada

Genial, sin duda.

Periódico Irreverentes

Miguel Rodríguez

Era un trámite, solo tenía ya que pasar por aduanas, como todo el mundo, como siempre, y este gigante me para y me mira con sospecha, como si efectivamente me conociera de todas las otras veces.

– ¿Algo que declarar?

‘Solo mi amor, gilipollas,’ pienso, pero solo lo pienso, y él me aparta, abre mi equipaje de mano como si me hubiera oído e inspecciona sin el mínimo pudor mis intimidades, la pasta de dientes, los pañuelos, todo va bien hasta que mueve una camisa y deja al descubierto mi almohadita, a la que duermo abrazado todas las noches y que siempre viaja conmigo. En ese instante, más que en ella se fija en mi cara. Se da cuenta de su intromisión, de la peculiaridad, y procede a examinarla con cuidado: la levanta, la huele, la espachurra y, ante mi sorpresa, se la lleva. ‘Esto es como secuestrar…

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