En tu blanca bahía (a Juan Ramón Jiménez)

Poemas y esas cosas bellas

En tu blanca bahía.

(A Juan Ramón Jiménez)

Bajo el dorado amor andaluz,

que con sus enamorados brazos anaranjados

en este sereno despertar nos abraza,

el inmenso azul en nacaradas

ondas enamoradas nos besa risueño.

En su piel azul posadas,

una miríada de hermosas flores

nos descubren sus vitales colores

y profundos perfumes.

Ellas van llegando…las tiernas flores…

…entre espejitos de luz y acrisolados brillos.

Y van llegando las bellas flores,

rosas, celindas, azucenas y gardenias;

claveles, nardos, jazmines y alhelíes;

violetas, caléndulas, campanillas y dalias…

Con la fresca agua marina juegan,

con salinas diademas se coronan,

sus sonrisas relucen entre azules,

sus cabellos ondula la salada brisa.

En tu bahía y hacia Moguer, Juan Ramón.

En tu blanca bahía, donde la luz habita

merodeando feliz entre dunas y pinadas,

entre la mar, el río y la arena;

donde los azules pasean…

Dulcemente te donan sus esencias,

sus mágicos colores…

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EL ANSIA DE LA MADRUGADA

– EL ANSIA DE LA MADRUGADA –

 

 

 

 

“… ciudad de nada en nadie

el cuerpo se hace

la voz se rehace.”

(Alejandra Pizarnik)

 

 

 

 

 

La luz opalina de la madrugada

se desmadeja sobre el asfalto húmedo.

Todo brota en una falsa calma,

en una pereza engañosa

que bosteza en cualquier rincón marchito

engendrando agotados sueños

que, en breve, nada serán.

Te susurro de mis batallas y condecoraciones,

de mi imperecedera derrota

que marcan mis patas de gallo,

de mis cafés rumiando circos,

y es entonces, en el lapso de un pitillo,

cuando me acaricio mi ombligo áureo

como lámpara mágica preciada.

Tú, duermes hermosa

tácita al mohín de tus labios entreabiertos

cual carne que inundó mi boca

en amaneceres dispares a este.

Y digo a la amorfa ciudad

cuantos duermevelas contienen mis prosas,

cuantos versos no pude

y fueron pasto de borrones

y sufrimientos por lo imposible;

digo y digo, y digo y  vuelvo a decir

porque temo el despego del silencio

irrumpiendo su mano asesina

y arrastrándome por olvidos y olvidos

más profundos todavía,

más crueles y vehementes,

más interminables.

Como me horroriza tu afonía yacente,

tu pausa calibrada que maneja calma,

el sosiego de tu zigzag bajo las sábanas,

la soledad que imagino brotando

a  pletóricos borbotones

y que huye mi verborrea por el ángulo del ventanal.

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo me observa desinteresado

discurriendo sobre el resplandor amarillo

que cuartea las aceras.

El ruido hace vida

y las últimas sombras

se guardan detrás de los rincones.

Estoy callado como tú, amor,

envidiándote en secreto

y contemplando la mañana.

 

 

 

Kabalcanty©2016

http://Kabalcanty.bubok.es

(Fotografía de Eugenio Recuenco)

 

 

 

 

eugenio-recuenco